Un país si cree en la innovación ha de invertir en ella, si no dedica recursos es que no cree en la innovación

Tras el paréntesis vacacional, siempre necesario y a veces no suficiente, vuelvo a escribir mis reflexiones sobre el fascinante “océano inexplorado de la innovación”.

En estos días he podido leer artículos, informes, entrevistas, posts, reflexiones y opiniones de diversa índole que de una forma u otra exponen las diversas caras de la innovación y la I+D en España.

La situación es, en mi opinión, muy preocupante. La descapitalización intelectual de la base de conocimiento está alcanzando cotas que pueden hipotecar el futuro económico del país, investigadores que se marchan del país al ser abandonados a su suerte por aquellos en quién confiaron, la reducción de los presupuestos  dedicados a inversiones en I+D por parte de las Administraciones Públicas. Digo inversiones y no gasto, porque hay que invertir en una I+D que permita desarrollar productos y servicios que generen los ingresos fiscales o sociales que superen lo invertido. Este país ha invertido ingentes recursos económicos en la formación de profesionales, de investigadores, de científicos, de médicos, de ingenieros,…

Que se están marchando sin que se haga nada, incluso se favorece su salida para disminuir las listas de parados por parte de numerosas instituciones tanto públicas como privadas.

Aunque también he leído que la solución está en los fondos europeos, esta no es la Política de Innovación adecuada.

Un país si cree en la innovación ha de invertir en ella, si no dedica recursos es que no cree en la innovación; y lo mismo vale para las empresas.

 

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